El santuario de Nuestra Señora de las Victorias, fue construido para servir de iglesia al convento de los agustinos en 1628 en el corazón de París.

Debe su nombre al hecho de que el rey Luis XIII acababa de obtener una brillante victoria contra los protestantes de su reino, que se habían apoderado del puerto de La Rochelle, y como agrdecimiento, pidió a los padres que dedicasen a Nuestra Señora de las Victorias la iglesia que había aceptado construirles. Los trabajos duraron más de un siglo la iglesia no se terminó hasta 1740.

En la parte derecha del crucero de la iglesia se encuentra una estatua de la Virgen con el niño, ante la que a lo largo de un siglo se han acercado a rezar millones de peregrinos.

El papá de Santa Teresia, Don Luis Martin, venía con frecuencia a rezar ente la estatua de Nuestra Señora de las Victorias durante sus cursos de relojería en 1850. Trece años más trade la señora Martin aconsejaba a su hermano Isidoro, estudiante de farmacia, que fuese también él periódicamente, para ponerse bajo la protección de la Virgen.

Las familias Marttin y Guerin conservarán durante toda su vida una gran devoción a Nuestra Señora de las Vistorias.


Entrada Basílica
Nuestra Señora de las Victorias

En mayo de 1883, el Sr.Martin, al ver que la medicina no consegupia curar a Teresita, encargó una novena de misas en el altar de Nuestra Señora de las Victorias. Y precisamente durante esa novena, el 13 de mayo de 1883, fiesta de pentecostés, Teresita se curó de repente al ver a la virgen sonriéndole.

El 4 de noviembre de 1887, antes de partir en peregrinación para roma, Teresa se siente feliz de poder acercarse a la Iglesia de Nuestra Señora de las Victorias para agradecerle ahí a la virgen su portentosa curación.

Además ahí, ante su altar, se siente definitivamente liberada de los escrúpulos que la venian atormentando desde hacía más de cuatro años. La santísima Virgen le hizo sentir que había sido realmente ella quien le había sonreído y quien la había curado.

En adelante no volverá a dudar ni un solo instante de haber sido favorecida, a la edad de diez años, por la sonrisa de la Virgen. "Comprendí -escribe- que velaba por mí y que yo era su hija, y que, entonces, yo no podía ya darle otro nombre que el de Madre..." (Manuscrito A 56v)

En una estampa de Nuestra Señora de las Victorias, Teresa pegó la florecita, que su padre había arrancado de una pared del jardín de los Buissonnets el 19 de mayo de 1887 -otro domingo de pentecostés- después de darle permiso para entrar al Carmelo cuando cumpliese quince años.

Teresita conservaba cuidadosamente esta estampa -y la reliquia de su padre- en su libro de la Imitación de Cristo. Y al dorso de esta estampa escribirá con mano temblorosa, el 8 de septiembre de 1897, séptimo aniversario de su profesión, su última oración a la Virgen: ¡¡¡María, si yo fuese la Reina del cielo y tu fueras Teresa, quisiera ser Teresa para que tu fueses la Reina del Cielo!!!

Estas fueron las últimas líneas que escribió Teresita en la tierra.

A partir del 16 de Julio de 1897, colocaron en la enfermería una pequeña estatua de la Virgen de la Sonrisa, la noche siguiente a las dos de la mañana, Teresita expresó su deseo de pasar su cielo haciendo el bien en la tierra.

Y la víspera de su muerte, Teresa miraba una vez más, como acariciándola, una imagen de la Virgen de las Victorias pegada al dorso de una estampa de Juana de Arco. Se puede decir que hasta el final de su vida, a Teresa le gustó mirar a esta Virgen y hablarle de su confianza y de su amor.

 

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publicada el 30 de Septiembre del 2005.

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