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Thérèse, una rosa deshojada

No es poca la gente que me pregunta y cuestiona el hecho de que los restos de Thérèse se encuentren en varios relicarios a lo ancho de todo el mundo, me confiesan su sentir como si se le hubiera desmembrado y lo ven como algo negativo.

De entrada podemos decir que ella misma sabía lo que sucedería con su cuerpo pues en las últimas conversaciones 8.7.8 nos dice:

"Prefiero ser reducida a polvo a conservarme incorrupta como santa Catalina de Bolonia. No conozco más que a san Crispín que haya salido con honor del sepulcro".

Además la Madre Inés de Jesús le dijo un día, últimas conversaciones 2.8.1:

"Me encantaría guardar tu corazón, como el de la madre Genoveva".

A lo que Thérèse respondió:

¡Haz lo que quieras!.

Continúa Madre Inés: Yo había cambiado de opinión, porque me repugnaba mucho hacer una cosa así, y se lo dije. Se puso un poco triste. Yo adiviné su pensamiento: nos privaríamos de un consuelo que ella no nos daría milagrosamente, pues sabía que no se iba a conservar incorrupta.

Además de todo esto ella misma se plasma en una imagen muy conocida de todos nosotros se refleja en una Rosa Deshojada esto en la poesía número 51 en cuyos comentarios podemos leer:.

En mayo (Thérèse) ya no está en condiciones de participar en la liturgia floral de las novicias (cf P 23). Uno tras otro va renunciando a los actos de comunidad. Ahora le queda una tarea suprema: «Debo morir».

Morir disolviéndose al filo de los días, como una «rosa» que se «deshoja». En la más completa oblación: «enteramente, a cada instante, sin pena alguna», sin escenografías («sin arte y sin estudio»). Su generosidad sólo puede compararse con su delicadeza: que su vida así «prodigada» sea sólo dulzura bajo el «piececito» del Niño Jesús y bajo las «últimas pisadas» del Varón de dolores. El símbolo de la rosa deshojada, hoy aparentemente desgastado, surge aquí en toda su patética belleza, con la autenticidad de lo vivido.


Teresa ya no sueña siquiera con entregarse a Jesús, sino con deshojarse bajo sus pasos, con morir disolviéndose. En las estrofas 3 y 4 desarrolla esta idea hasta unos límites a los que antes aún no había llegado: «La rosa en su esplendor puede embellecer tu fiesta, a la rosa en deshoje se la tira y arroja (nótese la fuerza de esta palabra al final del verso) al capricho del viento» (es decir, a ninguna parte, no importa dónde).

La rosa deshojada se entrega para ya no ser más («con ansias de no ser»), lo cual es ya el colmo del abandono; ni siquiera se le presta atención (4,1-3), no es más que unos «muertos despojos». Teresa «lo comprende»: ella «prodigó su vida, prodigó su futuro», está «marchita para siempre, un día morirá...». De esta manera, ofrece la prueba suprema de su amor, sin saber lo que Jesús hará de ella. Ella es sólo una rosa deshojada, es decir, nada.


Teresa responde a una petición de una carmelita de París, antigua priora, que había oído hablar maravillas de sus dotes de poeta y que quiere ponérselas a prueba: «Si es verdad que esa hermanita es una joya (...), que me envíe una de sus poesías, y lo comprobaré por mí misma»; y, según María de la Trinidad, proponía incluso el tema de la rosa deshojada.


La madre Enriqueta quedó muy contenta (...), pensando únicamente que le faltaba una última estrofa para explicar que, a la hora de mi muerte, Dios recogería esos pétalos para volver a formar con ellos una rosa preciosa que brillaría por toda la eternidad». ¡Qué gran error! Para Teresa, «amar es entregarse» sin pedir nada a cambio. Y contesta: «Que esa buena Madre haga la estrofa tal como lo dice, que yo no me encuentro en absoluto inspirada para hacerlo. Mi deseo es ser deshojada para siempre, para alegrar a Dios. Y se acabó».

Es por eso que nos podemos gloriar de que Thérèse esté físicamente presente a través de sus numerosas reliquias en prácticamente todos los continentes, pues se ha entregado a Dios, a la Iglesia, al mundo a todos nosotros con infinita confianza y sin medida.

Jesús Moreno Pacheco

Martes 17 de Mayo del 2005
80 Aniversario de su Canonización.

 
 

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publicada el 17 de Mayo del 2005.


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