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"No
muero, entro a la vida..."
Palabras
que han sonado tan profundamente en mi interior desde el momento
en que las escuché por primera vez, y con esta relación
tan estrecha que he procurado con Teresita, cada año
cuando llega el 30 de septiembre, resuenan fuertemente... me
sacuden... me conmueven y me invitan a transformarme y fortalecerme
en mi fe.
Y
desde hace algunos años... en ese momento 7:20 de la
noche, me gusta unirme espiritualmente al Carmelo de Lisieux
... para así mismo acompañar a Teresita en ese
momento sublime... momento desde el cual no ha dejado de hacer
llover esa lluvia abundante de rosas sobre la tierra...
Así
que anhelaba en mi interior, algún día estar presente
en el Carmelo de Lisieux, un 30 de Septiembre a las 7:20 de
la noche y vivir esa experiencia....... y así sucedió...
y en qué forma...
El
año pasado, en cuanto confirmé que realizaría
mi segundo viaje a Lisieux, comencé a informarle a mis
amigos más cercanos, a mis familiares, y aquí
mismo en Internet con quienes tenía contacto en ese entonces,
y les animé a que escribieran una carta dirigida a Teresita,
donde expresaran sus peticiones, su gratitud, su oración,
etc. Y que yo las depositaría frente a su tumba en el
Carmelo, y escogí precisamente el día 30 para
hacer entrega de un par de rosas y cada una de esas cartas que
me habían enviado ...
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Y
llegó ese día, llegué a la Capilla
del Carmelo a las 6:00 de la tarde en punto... en ese
momento iniciaban las carmelitas el oficio divino de vísperas,
junto con el pequeño grupo de peregrinos que ahí
nos encontrábamos...
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ni
qué decir del recogimiento del lugar, de los cantos,
de la tenue luz que había en la capilla, y
así me uní en la oración con todos...
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y
hacia las 7 de la noche, terminó el oficio de vísperas,
esperé a que saliera la gente y cuando el grupo
era más reducido, me acerqué a la reja que
separa el sepulcro de Teresita....
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hice
la ofrenda de las rosas y los mensajes enviados por todos...
los coloqué en el piso justo frente al sepulcro...
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hice
un momento un poco más prolongado de oración,
depositando todo aquello que llevaba... entregándolo
todo...
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Y
en cuanto me levanté, tras de mí, ahí
estaba él, no me había percatado, se trataba
de un sacerdote que había conocido esa mañana
en el Cementerio cuando realicé la visita a Sor
María de la Trinidad, el venía de Estrasburgo
y había platicado un poco con él y me había
tomado las fotos en el mismo cementerio...
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Pues él fue el instrumento para ese regalo de Teresita,
me indicó que si quería pasar a un lugar
que normalmente no está accesible al público...
le dije que sí que sería un privilegio y
pregunté si podría venir conmigo mi madre...
y contestó afirmativamente...
Así
es que nos dirigimos a una pequeña puerta que está
a la salida de la capilla a la derecha... y entramos....
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El
padre, guiándonos, nos condujo al interior de un
pasillo y llegamos a un lugar muy especial...
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se
trataba de la puerta de acceso al interior de la Clausura
del Carmelo,
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el
padre nos indicó que ese lugar fue donde Teresita
recibió la bendición de su padre Louis Martín
justo en el momento de despedirse y cruzar esa puerta...
para no salir más de allí....
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como
lo indica la placa conmemorativa que está justo
en la puerta.
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En
ese momento eran las 7:20 de la noche, y fue el mismo
padre el que viendo su reloj, me dijo: ¿Sabías
que en este momento estaba muriendo Teresita aquí
en el interior? A lo que asentí con la cabeza,
y no lo pude resistir, mi corazón y mis ojos comenzaron
a mostrar lo que brotaba de mi interior....
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¡qué
regalo!, desde hacía tiempo deseaba estar en el
Carmelo en esa fecha y a esa hora, y ¡que delicadeza!
de Teresita, que me condujo incluso más al interior...
justo al límite donde podía llegar... la
clausura estaba sólo tras esa puerta.... ¿podrán
acaso imaginarse mi emoción?, después, pedí
al padre, a mi madre y a una religiosa (no una Carmelita,
sino la que nos abrió las puertas que nos condujeron
hasta allí) que me permitieran estar en ese lugar
a solas por unos momentos.... y aceptaron...
¡Estaba
ahí! Y ahí me quedé y me uní
al momento que sucedía en el interior, tras esa
puerta hace ya más de 100 años....
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Después
de esos momentos, avanzamos un poco más, me condujo
al confesionario, el lugar desde donde el sacerdote escuchaba
a Teresita una vez a la semana en su confesión...
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Ya
cuando nos regresábamos fue cuando tuve oportunidad
de conocer el altar principal con el sagrario que en tiempos
de Teresita se encontraba en la capilla y ahora lo conservan
allí en la sacristía.
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Salimos
de aquel lugar hacia las 7:35 de la noche, y me percaté
de que la capilla ya estaba cerrada, en realidad me sorprendí
más, pues me di cuenta que mientras la gente salía
de la capilla y la cerraban a eso de las 7:10 de la noche,
a mí y a mi madre nos habían conducido más
al interior..., de no haber sido así, quizá
no hubiera logrado cumplir mi íntimo anhelo....
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Salimos
del atrio, y la religiosa sacó las llaves, cerró
la puerta de la reja y así quedábamos ya
todos fuera... pero con el corazón lleno de gratitud...
a Dios por permitirme estar ahí y a Teresita por
el gran regalo... el cual llevaré por siempre en
mi memoria...
Jesús
Moreno Pacheco
29 de septiembre de 2003
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Mi
madre y yo en ese lugar tan especial...

El
mismo lugar... pero en distinta ocasión y con la
puerta abierta..
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