Poco
antes de su muerte Teresa escribió: "Si todas
las almas débiles e imperfectas sintieran lo que la más
pequeña entre ellas, el alma de su Teresa, ninguna desesperaría
de llegar a la veta de la montaña de amor, porque Jesús
no pide grandes acciones, sino sólo el abandono y el reconocimiento"
Durante
sus últimos meses Teresa comprendió con profunda e inexpresable
certeza, que había alcanzado la santidad porque había
sido amada y había respondido amando. Había creído
en Dios y Él no la había desilusionado. Y el camino
que siguió estaba abierto para todos los que quisieran emprenderlo.

Al
contrario de los método tradicionales de formación espiritual
que requieren numeroso hechos verificables de virtud, el camino de
Teresa pide sólo una cosa: "Mi Maestro, Jesús,
no me enseña a contar mis acciones, sino a hacer todo por amor...
y todo esto en la paz, en espíritu de abandono. Es Jesús
quien hace todo, yo no hago nada"
Carta
121, 6 de julio de 1893
Continúa
Santa de nuestro tiempo...