Una prueba que la hizo sufrir indeciblemente fue el derrumbe de su adorado padre, poco tiempo después de su entrada al convento. Ya algunas veces antes sus facultades físicas y mentales habían decaído, pero no daban motivos de verdadera preocupación.

Es posible que la separación de su hija menor y preferida hubiera sido el golpe de gracia que perturbó su mente. En aquellos tiempos se comprendía poco la enfermedad mental. Luis Martin presentaba lagunas mentales, impulsos de vagar y ocasionales reacciones violentas, síntomas todos que hoy hubieran indicado el mal de de Alzheimer.

Estuvo presente cuando Thérèse tomó hábito, "su último triunfo"; en los meses sucesivos estuvo interno en un instituto de Caen administrado por las Hermanas del Salvador. Toda la familia sufrió por su destino.

Sólo cuando se presentó la parálisis y Luis ya no fue considerado un peligro para sí mismo o para los demás, se le permitió volver a su casa, donde Leonia y Celina lo cuidaron hasta su muerte.

 


Teresita y sus hermanas

También Teresa, hacia el final de su vida, enfrentó un período de gran oscuridad, cuando le pareció haber perdido la fe. Tuvo por primera vez la conmovedora experiencia de la ausencia de Dios, unida en su caso a los estragos de la tuberculosis y a las contradictorias reacciones ante la previsión de una muerte inminente.

A los veinticuatro años Teresa estaba muriendo. El jueves santo de marzo de 1896 comenzó a sufrir hemóptisis. Lo confió a la superiora, Madre María de Gonzaga, pero pidió que no le dieran ningún tratamiento especial y no recibió ninguno. La tuberculosis avanzó rápidamente.

De noche sufría ataques de tos, fiebre y agotamiento. Su superiora, que consideraba todo esto oportuno "para el bien del alma de Teresa" se negó a la administración de morfina.

"Sufro -dijo- un minuto tras otro". Parecía que Dios la había olvidado.

Sin embargo, esta joven, que llevó una vida tan sencilla, pronto fue reconocida como santa. En su turbación y aparente derrumbe había combatido por amor, para vivir según su ideal. Había buscado responder con plena fe al Señor de su corazón y seguir el evangelio.

Había permanecido firme con una fe inamovible, y había triunfado.

Continúa Doctora de almas ...


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publicada el 20 de Diciembre del 2005.

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