Pero ¿cómo podría soportar el desierto aquella muchacha consentida, criada con tanta devoción y cuidado? Con todo, se sumergió allí y descubrió aspectos de sí misma que desconocía: la capacidad de soportar, de aceptarse con desconcertante sinceridad.

 

 

La clave era el amor y la confianza; el amor a Dios y a los demás, la fidelidad a la conciencia, una incansable búsqueda de la verdad en las escrituras, en particular en las palabras de Jesús, y la confianza en su misericordia y su poder

Era un empeño tan común que todos podemos identificarnos con Thérèse que lucha para alcanzar lo mejor de sí misma.

Combatió, como debemos hacerlo todos, contra los defectos de su carácter, advirtió la necesidad de instaurar y cultivar relaciones con personas que le causaban poca simpatía y la exigencia de un tiempo prolongado de oración cuando Dios parecía ausente.

 


Aceptó el frío, la comida desagradable y el cansancio cotidiano. Pero también había tiempos de celebración, momentos felices de conversación y afecto, encargos e ideales compartidos, que fueron la sustancia de la mayor parte de su vida.

Continúa Vida Conventual...


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publicada el 20 de Diciembre del 2005.

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