La
clave era el amor y la confianza; el amor a Dios y a los demás,
la fidelidad a la conciencia, una incansable búsqueda de la
verdad en las escrituras, en particular en las palabras de Jesús,
y la confianza en su misericordia y su poder
Era
un empeño tan común que todos podemos identificarnos
con Thérèse que lucha para alcanzar lo mejor de sí
misma.
Combatió,
como debemos hacerlo todos, contra los defectos de su carácter,
advirtió la necesidad de instaurar y cultivar relaciones con
personas que le causaban poca simpatía y la exigencia de un
tiempo prolongado de oración cuando Dios parecía ausente.