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Nada en la infancia de Thérèse deja suponer su futura santidad. Nació el 2 de enero de 1873 en Alencon, Normandía, de Luis y Celia Martin, última de nueve hijos, de los que sobrevivieron cinco niñas: María, Paulina, Leonia, Celina y Teresa. Como sucede a menudo, las dos mayores y las dos menores se convirtieron en íntimas confidentes, pero Leonia, en la mitad, se sentía abandonada, distinta, y en efecto fue la única que no entró, como hubiera parecido natural, en el mismo convento de las otras cuatro. Celia Martin fue la persona más importante en esta familia de clase media. Era una esposa muy activa, que elabora encaje mientras su marido había abandonado la profesión de relojero en la edad madura. Celia adoraba a sus hijas, las vestía y las presentaba con orgullo.
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Al volver atrás con la memoria, recordó un episodio que consideró indicativo de toda su actitud ante la vida. Ella y su hermana Celina jugaban en el jardín cuando llegó Leonia, con una canasta llena de vestidos para muñecas, cintas, encajes y trozos de tela, sobre los cuales había colocado su muñeca. Leonia había decidido que ya era muy grande para aquellos juegos, e invitó a sus hermanas a tomar lo que quisieran de aquel cesto. Celina escogió educadamente un ovillo de cinta de colores. Thérèse reflexionó y, de improviso, exclamó: "Lo escojo todo" y se llevó todo lo que había quedado. Este será el signo distintivo de su santidad: "Lo escojo todo". Escojo todo lo que Dios he querido ofrecerme. No quiero ser santa a medias. Quiero todo, y extiendo mis manos para acoger este don en su plenitud. |
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