Nada en la infancia de Thérèse deja suponer su futura santidad.

Nació el 2 de enero de 1873 en Alencon, Normandía, de Luis y Celia Martin, última de nueve hijos, de los que sobrevivieron cinco niñas: María, Paulina, Leonia, Celina y Teresa. Como sucede a menudo, las dos mayores y las dos menores se convirtieron en íntimas confidentes, pero Leonia, en la mitad, se sentía abandonada, distinta, y en efecto fue la única que no entró, como hubiera parecido natural, en el mismo convento de las otras cuatro.

Celia Martin fue la persona más importante en esta familia de clase media. Era una esposa muy activa, que elabora encaje mientras su marido había abandonado la profesión de relojero en la edad madura. Celia adoraba a sus hijas, las vestía y las presentaba con orgullo.

 

Thérèse, la última, fue acogida con alegría y a menudo mimada .Todos sus primeros recuerdos, decía, eran sonrisas y caricias, si bien no era consentida por nadie, a excepción de su amadísimo padre.

Pero Celia comenzaba ya a presentar los signos del cáncer de seno que la llevaría a la muerte. No pudo amamantar a la pequeña, y Thérèse fue confiada a una nodriza, Rose Taillé

Durante cuatro años idílicos, hasta la muerte de Celia, Thérèse creció como una niña confiada y afectuosa.

Al volver atrás con la memoria, recordó un episodio que consideró indicativo de toda su actitud ante la vida. Ella y su hermana Celina jugaban en el jardín cuando llegó Leonia, con una canasta llena de vestidos para muñecas, cintas, encajes y trozos de tela, sobre los cuales había colocado su muñeca.

Leonia había decidido que ya era muy grande para aquellos juegos, e invitó a sus hermanas a tomar lo que quisieran de aquel cesto. Celina escogió educadamente un ovillo de cinta de colores. Thérèse reflexionó y, de improviso, exclamó: "Lo escojo todo" y se llevó todo lo que había quedado.

Este será el signo distintivo de su santidad: "Lo escojo todo". Escojo todo lo que Dios he querido ofrecerme. No quiero ser santa a medias. Quiero todo, y extiendo mis manos para acoger este don en su plenitud.


Con la muerte de su madre, en 1877, la niña de cuatro años se sintió destruida. La casa de Alencon fue vendida y los Martin se trasladaron a Lisieux para estar cerca del hermano de Celia y de su familia.

Luis se convirtió casi en eremita: vivía sólo para sus hijas y las prácticas religiosas. Quería mucho a Thérèse. Era su "reinita".

Llenaba el mundo de la pequeña y se convirtió en su centro de interés fundamental. Paulina fue apodada "la segunda madre" de Thérèse, pero ninguna habría podido ocupar en verdad el lugar de Celia.

La muerte de la madre transformó a Thérèse en una muchacha introvertida, excesivamente sensible, temerosa de los extraños. En el círculo familiar lograba abrirse y ser feliz, pero su temperamento antes despreocupado, se inclinó hacia los escrúpulos. Encontraba refugio y seguridad sólo en las prácticas religiosas y en su creciente interés por la oración.

La gente de Lisieux la definía como una joven tímida y nerviosa. Por un breve período frecuentó una escuela de los alrededores dirigida por las hermanas benedictinas. Fue una experiencia infeliz pues las niñas de su edad con sus juegos competitivos y las pequeñas rivalidades, la desconcertaron. Luego a pesar suyo, Paulina dejó la casa para hacerse monja y Thérèse perdió a su "segunda madre". Esta pérdida provocó lo que se puede llamar un agotamiento nervioso.

Sufrió preocupantes disturbios psicosomáticos: estremecimientos violentos, espasmos, alucinaciones. Durante dos meses su salud e incluso su vida estuvieron en peligro. Pero ya se veía bajo la superficie, que aquella jovencita de llanto fácil y excesivamente sensible, iba desarrollando una fuerza secreta.

Gracias a las oraciones de su querida familia, y a la acción milagrosa de María, fue sanada al poco tiempo.

Continúa Adolescencia ...


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publicada el 20 de Diciembre del 2005.

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