26 de Abril de 1998

Una de mis pasiones es la investigación de todo lo referente a la Sábana Santa de Turín, es algo que le debo a mi padre, pues desde 1979 conocí su existencia y me pareció increíble que el lienzo sepulcral de Jesus permaneciera hasta nuestros días. Pues desde ese año inicié propiamente con un gusto por saber cada vez más y más y cuando en 1994 me enteré de que en la pascua de 1998 se llevaría a cabo una exposición pública (Ostención) para conmemorar los 100 años de su entrada al campo de la ciencia; inmediatamente me hice a la idea de que debía de estar presente en esa exposición.

Para mí fue una bendición el poder llegar hasta Turín precisamente el segundo domingo de pascua, el día en que iniciaba la exposición y en su momento ahondaré en esta experiencia... el caso es que después de mi visita a la ciudad de Turín viajé por primera vez a París y claro está debía aprovechar para hacer una visita a mi querida Teresita.

Desde diciembre de 1992 se había incrementado en mí el deseo de realizar una visita a Lisieux, mis amigas Teresita Véliz y Yadira Carrera se habían encargado ya de enamorarme paulatinamente de esta idea, cada vez que me compartían su experiencia surgía en mi interior un fuerte deseo que me atría hacia Lisieux.

Qué lejos estaba yo de imaginar las consecuencias de este viaje. Teresita se encargó de dar el golpe final por el que por fín cedió todo mi ser y quedó prendado de su presencia, de su mensaje y poco a poco de su confianza y de su Amor.

Teresita me ha cautivado principalmente por contemplativa, por su forma de expresar llena de sencillez su experiencia con su amado Jesucristo. Ella supo valorar las dimensiones de la misión de Jesús al venir al mundo: "La revelación del Amor de Dios" y el cumplimiento de su voluntad aún en medio del sufrimiento; y en adelante ella todo lo realiza por Amor.

 


En ocasiones tiendo a querer abarcar todo en un mismo lugar, pues deseo compartir con ustedes tantas experiencias vividas al lado de ella, que debo de contenerme para no salir de lo que debo de exponer.

Pues resulta que el viernes 24 de abril de 1998, me dirijo a la estación del tren "Gare St. Lazare" en París, para preguntar por las salidas a Lisieux para el siguiente domingo, y así sucede, inicio el viaje a las 9 de la mañana llegando a Lisieux a las 11 de la mañana, por poco me deja el tren, así que no había cambiado los cheques de viajero que llevaba para pagar lo necesario en esa ocasión y me dije, cuando llegue a Lisieux, en la estación cambiaré dinero.

Pues no sucedió así, al llegar a Lisieux, me doy cuenta que es una ciudad muy pequeña, en la estación del tren sólo estaba abierta la ventanilla de los boletos, pregunto por algún lugar donde cambiar los cheques y me indican que es imposible pues es domingo y están cerrados los bancos, ya comenzaba yo con un poco de preocupación pues no había desayunado ya se acercaba al medio día y yo sólo contaba con unas pocas monedas.

Al llegar a la estación en Lisieux, justo enfrente en la cima de una colina se ve la basílica, entonces opté por llevar a cabo mi visita lo más rápido posible y regresar a París, así me dirigí a la basílica directamente, en cuanto me acercaba cada vez más, me imponía la grandeza del edificio, llegué lentamente me fui acercando al altar mayor, oré ante el sagrario y me dirijí a donde se encuentra el relicario del brazo derecho de Teresita.

Ahí sentí por vez primera ese contacto tan especial, esa presencia física y palpable que no me ha dejado desde ese día, pero faltaba algo, así que hice al modo de ella, una acto de confianza y le dije:

- "Teresita, hace tiempo que anhelaba esta visita, tenía muchas ganas de estar aquí contigo, y aquí estoy, pero no tengo dinero y tengo mucha hambre, así que no sé que vas a hacer..."

Al realizar este acto de confianza llegó un poco de tranquilidad en mí y sobre todo en mi estómago; así con un poco más de calma me dirigí para concer más el interior de la basílica, recuerdo que terminaba una misa en uno de los altares laterales a la izquierda, concluido ese recorrido me dirigí a la Cripta que me pareció muy hermosa y a la salida, quería visitar el carmelo, así que me dirigía hacia allá cuando a mano derecha vi un letrero que decía exposición del carmelo, se trata de una exposición permanente de fotografías y posters que hacen referencia al Carmelo de Santa Teresa, a la entrada estaba un joven con hábito blanco que me indicó que tenía sólo unos minutos para realizar el recorrido, así que lo hice de manera rápida a lo mucho unos 5 minutos y me salí, al momento de dejar la puerta otro joven con hábito blanco también, me dijo en perfecto español: ¿de donde vienes?, le dije que de México y cual era mi nombre, vió que hiba solo, El se llama Nicolás y en ese entonces pertenecía a la Comunidad de las Bienaventuranzas de Lisieux, es de origen Español y se desempeñaba según recuerdo como encargado de la Liturgia en la Basílica de Lisieux, cargo que yo también ejercía en ese tiempo en mi Parroquia de Capuchinas en Salvatierra.

Pues Nicolás me invitó a comer en la comunidad, y además me comentó que de ordinario no visitaba el lugar que ocupa la exposición donde nos encontramos y que ese día "algo" le llevó a estar ahí y fue cuando vió que en mi chamarra que portaba ese día tenía mi nombre y el nombre de mi carrera en el Tecnológico y fue cuando se acercó a mí para preguntar.

Le agradecí inmediatamente a Teresita el haberme enviado a alguien en ese momento y que además hablara español, se imaginarán la alegría que experimenté y sobre todo mi estómago.


Después de la comida en la Comunidad de la Bienaventuranzas
de blanco mi amigo Nicolás.

Fueron momentos de verdad muy agradables, el conocer a todos los habitantes de la comunidad fue enriquecedor para mí, y sobre todo la deliciosa comida que me ofrecieron.

Después de la comida, en la Avenida Santa Thérèse, nos despedimos, el se dirigía a la Basílica y yo al carmelo, donde tenía todavía una cita ante el sepulcro de mi amiga que me esperaba.

Llegué al carmelo, me inqué ante el sepulcro, agradecí infinitamente la gracia de llegar a ese lugar tan largamente anhelado y le pedí que no me soltará jamás, que fuera mi compañera de viaje y es algo que ha cumplido fielmente. Le pedí así mismo que me permitiera regresar posteriormente con más calma y por varior días...

A la salida en la librería del Carmelo con las pocas monedas que llevaba, compré unas imágenes y una medalla de Thérèse y me sobraron monedas... así volví a la estación para regresar a París, regresé ya no solo, sino con esa presencia que desde ese día no me ha dejado ni quiero que lo haga y que anima mi vida y mi espíritu.

Desde esa ocasión no ha habido un solo día que no esté ella presente en mi vida y en mi pensamiento.

Jesús Moreno Pacheco.


Mensaje de mi regreso a Lisieux en Septiembre - Octubre del 2002

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publicada el 6 de Junio del 2005

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