En
ocasiones tiendo a querer abarcar todo en un mismo lugar, pues deseo
compartir con ustedes tantas experiencias vividas al lado de ella,
que debo de contenerme para no salir de lo que debo de exponer.
Pues
resulta que el viernes 24 de abril de 1998, me dirijo a la estación
del tren "Gare St. Lazare" en París, para preguntar
por las salidas a Lisieux para el siguiente domingo, y así
sucede, inicio el viaje a las 9 de la mañana llegando a Lisieux
a las 11 de la mañana, por poco me deja el tren, así
que no había cambiado los cheques de viajero que llevaba para
pagar lo necesario en esa ocasión y me dije, cuando llegue
a Lisieux, en la estación cambiaré dinero.
Pues
no sucedió así, al llegar a Lisieux, me doy cuenta que
es una ciudad muy pequeña, en la estación del tren sólo
estaba abierta la ventanilla de los boletos, pregunto por algún
lugar donde cambiar los cheques y me indican que es imposible pues
es domingo y están cerrados los bancos, ya comenzaba yo con
un poco de preocupación pues no había desayunado ya
se acercaba al medio día y yo sólo contaba con unas
pocas monedas.

Al
llegar a la estación en Lisieux, justo enfrente en la cima
de una colina se ve la basílica, entonces opté por llevar
a cabo mi visita lo más rápido posible y regresar a
París, así me dirigí a la basílica directamente,
en cuanto me acercaba cada vez más, me imponía la grandeza
del edificio, llegué lentamente me fui acercando al altar mayor,
oré ante el sagrario y me dirijí a donde se encuentra
el relicario del brazo derecho de Teresita.

Ahí
sentí por vez primera ese contacto tan especial, esa presencia
física y palpable que no me ha dejado desde ese día,
pero faltaba algo, así que hice al modo de ella, una acto de
confianza y le dije:
-
"Teresita, hace tiempo que anhelaba esta visita, tenía
muchas ganas de estar aquí contigo, y aquí estoy, pero
no tengo dinero y tengo mucha hambre, así que no sé
que vas a hacer..."
Al
realizar este acto de confianza llegó un poco de tranquilidad
en mí y sobre todo en mi estómago; así con un
poco más de calma me dirigí para concer más el
interior de la basílica, recuerdo que terminaba una misa en
uno de los altares laterales a la izquierda, concluido ese recorrido
me dirigí a la Cripta que me pareció muy hermosa y a
la salida, quería visitar el carmelo, así que me dirigía
hacia allá cuando a mano derecha vi un letrero que decía
exposición del carmelo, se trata de una exposición permanente
de fotografías y posters que hacen referencia al Carmelo de
Santa Teresa, a la entrada estaba un joven con hábito blanco
que me indicó que tenía sólo unos minutos para
realizar el recorrido, así que lo hice de manera rápida
a lo mucho unos 5 minutos y me salí, al momento de dejar la
puerta otro joven con hábito blanco también, me dijo
en perfecto español: ¿de donde vienes?, le dije que
de México y cual era mi nombre, vió que hiba solo, El
se llama Nicolás y en ese entonces pertenecía a la Comunidad
de las Bienaventuranzas de Lisieux, es de origen Español y
se desempeñaba según recuerdo como encargado de la Liturgia
en la Basílica de Lisieux, cargo que yo también ejercía
en ese tiempo en mi Parroquia de Capuchinas en Salvatierra.
Pues
Nicolás me invitó a comer en la comunidad, y además
me comentó que de ordinario no visitaba el lugar que ocupa
la exposición donde nos encontramos y que ese día "algo"
le llevó a estar ahí y fue cuando vió que en
mi chamarra que portaba ese día tenía mi nombre y el
nombre de mi carrera en el Tecnológico y fue cuando se acercó
a mí para preguntar.
Le
agradecí inmediatamente a Teresita el haberme enviado a alguien
en ese momento y que además hablara español, se imaginarán
la alegría que experimenté y sobre todo mi estómago.

Después de la comida en la Comunidad
de la Bienaventuranzas
de blanco mi amigo Nicolás.
Fueron
momentos de verdad muy agradables, el conocer a todos los habitantes
de la comunidad fue enriquecedor para mí, y sobre todo la deliciosa
comida que me ofrecieron.
Después
de la comida, en la Avenida Santa Thérèse, nos despedimos,
el se dirigía a la Basílica y yo al carmelo, donde tenía
todavía una cita ante el sepulcro de mi amiga que me esperaba.

Llegué
al carmelo, me inqué ante el sepulcro, agradecí infinitamente
la gracia de llegar a ese lugar tan largamente anhelado y le pedí
que no me soltará jamás, que fuera mi compañera
de viaje y es algo que ha cumplido fielmente. Le pedí así
mismo que me permitiera regresar posteriormente con más calma
y por varior días...

A
la salida en la librería del Carmelo con las pocas monedas
que llevaba, compré unas imágenes y una medalla de Thérèse
y me sobraron monedas... así volví a la estación
para regresar a París, regresé ya no solo, sino con
esa presencia que desde ese día no me ha dejado ni quiero que
lo haga y que anima mi vida y mi espíritu.
Desde
esa ocasión no ha habido un solo día que no esté
ella presente en mi vida y en mi pensamiento.
Jesús
Moreno Pacheco.


Mensaje
de mi regreso a Lisieux en Septiembre - Octubre del 2002

