El
jardín, lleno de recuerdos, guarda una pequeña excavación
en el muro donde se reconstituyó uno de los altarcillos como
ella los solía hacer y ese lugar tan pequeño y especial
es llamado El Pequeño Jardín de Thérèse.
Recordemos
lo que ella escribió de este entrañable lugar.
Terminado
el paseo, volvía a casa. Hacía entonces los deberes,
y después me pasaba todo el resto del tiempo brincando en el
jardín en torno a papá, pues no sabía jugar a
las muñecas. Una cosa que me encantaba era preparar tisanas
con semillas y cortezas de árbol que encontraba por el suelo;
luego se las llevaba a papá en una linda tacita; nuestro pobre
papaíto suspendía su trabajo y, sonriendo, hacía
como que bebía...
Me
gustaba cultivar mis florecitas en el jardín que papá
me había regalado, Me entretenía levantando altarcitos
en un hueco que había en medio de la tapia; cuando terminaba,
corría a buscar a papá y arrastrándole detrás
de mí le decíaque cerrase muy bien los ojos y que no
los abriera hasta que yo se lo mandase. El hacía todo lo que
yo quería y se dejaba conducir ante mi jardincito. Entonces
yo gritaba: ¡Papá abre los ojos!
El
los abría y por complacerme, se quedaba extasiado, admirando
lo que a mí me parecía toda una obra de arte...

Si
quisiera contar otras mil anécdotas de esta índole que
se agolpan en mi memoria, nunca terminaría... ¿Cómo
relatar todas las caricias que papá prodigaba a su reinecita?
Hay cosas que siente el corazón y que ni la palabra ni siquiera
el pensamiento pueden expresar...
Manuscrito
A II (14r°) en los buissonnets.
Es
un lugar que no se deben de perder en su visita a Lisieux, en toda
su sencillez nos permite palpar la grandeza de Teresita, y de verdad
nos deja maravillados después de leer el texto anterior y poder
palpar ese lugar es de verdad un privilegio que vale la pena buscar.