Teresita nos tenía reservada otra gracia indescriptible, que les voy a narrar en este momento, después de haber celebrado la fiesta de Teresita en Nuestra Señora de las Victorias, nos dirigimos a Notre Dame de París.

La Catedral de Nuestra Señora de París, alberga una gran cantidad de objetos preciosos, obras de arte, relicarios y reliquias muy importantes, y justo ese 1 de octubre del 2004, antes de las 3 de la tarde, nos dirigimos hacia allá pues era viernes primero de mes, y justo cada día viernes primero de mes, se expone a la veneración pública la “Corona de Espinas de Nuestro Señor Jesucristo”, reliquia adquirida por San Luis Rey de Francia desde la antigüedad.

Ya en otras ocasiones que había estado en París hubiera tenido esa oportunidad, pero no se dio, y en esta ocasión así fue. Le dije a mi familia, entremos a vivir una experiencia espiritual viva, así que dejemos de lado las cámaras fotográficas y centrémonos en la celebración.

 

 

Así fue, en ese momento la Catedral de Notre Dame de París, adquirió otro sentido para mí, pues ya no era la lúgubre catedral obscura y llena sólo de turistas fotografiando, de pronto, se llenó de luz, de incienso y de cantos propios para el momento de la veneración de las reliquias de la pasión que custodia la catedral.

En medio del incienso, de los cantos y de los caballeros del Santo Sepulcro, el Obispo, portando la Corona, y otros sacerdotes las demás reliquias… se acercaron al altar mayor, y fueron el centro de la celebración.

El obispo entonces comenzó la celebración, y en su mensaje puso de relieve las reliquias de la pasión y la vida de Teresita que fue un unir su sufrimiento a la Pasión del Señor, ahí delante de esas reliquias, nos guío e hicimos el “Acto de Ofrenda al Amor Misericordioso de Dios”, y el obispo nos invitó a vivir como Teresita, contemplando La Faz de Jesús, y estar atentos a la Voz de él mismo cuando nos dice “Tengo Sed”.

 


Parte de la hoja de cantos y liturgia que nos dieron en esa ocasión..

 


Al concluir la celebración, mi corazón dio un vuelco, al ver que todos, fila por fila, estaban pasando a venerar tan preciosa reliquia, y le agradecí a Dios y a Teresita por esa gracia indescriptible, ni que decir de mi familia, nos tomó verdaderamente por sorpresa, así estuve en la fila, avanzando como un peregrino, esperando mi turno, para venerar con todo mi corazón la corona de espinas… llevaba entra mis manos algunos objetos e imágenes de Teresita, y al acercarme le pregunté a los caballeros si podría tocarlos a la reliquia y asintieron, advirtiendo que lo hiciera con sumo cuidado y con mucha reverencia; así llegó mi turno y como Santa Teresita al poder venerar uno de los Clavos de la crucifixión que se encuentran en Roma, mi corazón voló hasta Jesucristo, me acerqué y besé tan preciosa reliquia, y así con los ojos llorando de emoción, acerqué los objetos que llevaba, los cuales aún conservo como recuerdo de aquel momento sublime…

 

 

 

Gracias Teresita, por centrarme en Cristo, tu bienamado Jesucristo, y por otorgarme esta gracia indescriptible, en el día de tu Santo, tal pareciera que los regalos, tu los das ese y todos los días….

 

 

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publicada el 14 de Octubre del 2007.

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