Quedará para siempre
grabada en mi mente y en mi corazón, la experiencia vivida durante los
cuatro días en que tuve la oportunidad de volver a Lisieux en este mes
que ahora termina.
He descubierto algo
a lo que llamo "El Espíritu de Lisieux", y la fotografía de la
Basílica que he puesto en este encabezado, capta un poco de ese
espíritu.
Me intentaré
explicar: Es la sensación que sentí al llegar a Lisieux la tarde del
sábado 28 de Septiembre, una tarde cargada de paz... de una paz
densa..., un cielo con un azul intenso, un sol radiante que acaricia el
rostro a pesar de los 20 grados centígrados que marcaba el
termómetro..., y en el ambiente, la presencia dulce y acogedora de
Teresita que me recibía nuevamente en su casa. Pues esa sensación aún
está presente en mí, y allí quedará para siempre, de eso estoy seguro. Y
ahora la he querido compartir con ustedes.
Estaré por siempre
agradecido con Dios, por la increíble oportunidad de experimentar
durante cuatro días de una forma tan palpable, la ternura de Teresita y
de saborear un poco más su ambiente y su espiritualidad.
Pero sobre todo les
quiero compartir que de forma muy especial escogí el 30 de Septiembre a
las 7:00 de la noche aproximadamente, muy cercana la hora en que murió
Teresita, a esa hora en la Capilla del Carmelo de Lisieux, me acerqué a
la urna donde estan sus reliquias y ahí depósité unas rosas y todas las
peticiones que me hicieron llegar mis familiares y amigos, algunos claro
me las entregaron escritas otros verbalmente, pero yo haciendo voz de
todos, se las en entregué a Teresita en un momento de oración
intensamente emotivo.
En fin, si gustan,
les comparto más detalles de mi viaje a Lisieux en la opción de
Experiencia Personal del Menú Principal.