Queridos
Hermanos,
El día de hoy,
30 de Septiembre del 2005, a las 7:20 de la noche celebraremos 108
años de la entrada a la vida de Santa Teresita del Niño
Jesús… Ya en otra ocasión tuvimos oportunidad
de meditar un poco sobre el suceso, sobre las circunstancias y los
hechos que quedaron plasmados en las Últimas Conversaciones…
y sobre todo del testimonio de Sor María de la Trinidad.
El día de hoy,
les invito pues a meditar en el legado de Teresita, esa herencia a
la que somos llamados a disfrutar todos sus hijos espirituales…
y que en especial en esta fecha debemos de recordar para que quede
bien marcada en nuestra conciencia…
Tenemos muchas veces
la sensación de caminar solos, de no tener el apoyo de alguien
en nuestra vida, así Teresita se levanta y nos recuerda cual
es su misión… “Llevar almas a Dios” y es
ahí donde podemos optar por tenerla como compañera de
viaje…
Esto quedó
plasmado en una carta que para mí es un verdadero testamento
espiritual para aquellos que como yo en alguna ocasión sintieron
ese vacío espiritual y han logrado colmarlo con la promesa
de Teresita… se trata de la Carta número 258, dirigida
al Abate Bellière uno de los misioneros que mantenía
contacto por correspondencia con Teresita…. Y ésta viene
como respuesta ante el dolor que le expresó Bellière
al darse cuenta que estaba en los últimos días de su
vida…
Leamos
algunos puntos de la carta que envió Bellière a Teresita…
carta llena de dolor, que expresa lo que nosotros mismos acabamos
de comentar, que hemos llegado a experimentar en algún momento
de nuestra vida:

Mauricio Bellière
¡Pobre
hermanita mía, qué golpe para mi pobre corazón!
¡Estaba
tan poco preparado para eso! no le pida la alegría que usted
siente al acercarse la Felicidad: sigue atado a su pesada cadena
y remachado fuertemente a su cruz.
Usted
va a partir, querida hermanita, y él se queda solo una vez
más. Sin madre, sin familia, se había concentrado
en la caridad de su hermana, había convertido en dulce costumbre
esa santa intimidad, era feliz (sí, muy feliz) al sentir
cerca de sí esa mano amiga que lo consolaba, lo fortalecía
o lo levantaba. Avanzaba sonriente por el camino de la cruz porque
ya no se sentía solo.
Era
feliz y esperaba con impaciencia el momento de lanzarse al desierto,
porque tenía la confianza de que iba a ser apoyado. El único
afecto terreno que le quedaba lo iba a romper, contando para compensarlo
con el que Jesús le había brindado en la persona de
un ángel de la tierra.
Y he aquí que
Jesús le quita este bien en el momento en que más
parecía desearlo.
¡Qué duro
es esto y qué penoso para un alma mal afianzada en Dios!
Sin embargo, ¡fiat!
¡fiat!, ya que usted, hermana, va a ser feliz para siempre.
Sí, es justo, y yo soy un egoísta.
Parta, hermanita, no
haga esperar más a Jesús, que está impaciente
por llevársela. Déjeme a mí batallar, llevar
la cruz, caer bajo su peso y morirme de pena. Usted, sin embargo,
estará allí a mi lado, me lo ha prometido y cuento
con ello; ésta es mi última esperanza para el presente
y para el porvenir.
Usted estará
conmigo, cerca de mí; su alma guiará la mía,
le hablará y la consolará…
Quien no se siente identificado con
esas palabras expresadas por Bellière, quien no ha sentido
la necesidad de sentir cerca de sí el apoyo de alguien principalmente
cuando más adversidad hay en nuestro caminar.
Pero
aquí viene rápida la respuesta de Teresita, son exctractos
de la respuesta que dirige a Bellière y que nos dirige a cada
uno de nosotros…

Cta
258 Al abate Bellière
18
de julio de 1897
Mi
pobre y querido hermanito:
Su
dolor me llega al alma, pero mire qué bueno es Jesús,
que permite que pueda volver a escribirle para tratar de consolarle,
y seguro que no será la última vez.
Querido hermanito, ¡cómo me gustaría verter en
su alma el bálsamo del consuelo!
Le digo, pues, como él decía a sus íntimos: «Me
voy a mi Padre. Pero por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado
el corazón. Sin embargo, lo que os digo es la verdad: os conviene
que yo me vaya. Vosotros ahora sentís tristeza, pero volveré
a veros, y se alegrará vuestro corazón y nadie os quitará
vuestra alegría"…
Sí,
estoy segura: después de mi entrada en la vida, la tristeza
de mí querido hermanito se cambiará en una alegría
serena que ninguna criatura podrá arrebatarle…
Su
alma está llamada a elevarse hacia Dios por el ASCENSOR del
amor,
en vez de tener que subir la dura escalera del temor…
Hasta Dios, mi querido y muy amado hermano.
Esté seguro de que por toda la eternidad seré su verdadera
hermanita…
Así,
convencidos del deseo de Teresita de permanecer cerca de los que la
aman para estar al pendiente para transformar nuestras tristezas en
alegrías… a tal punto que nadie pueda quitarlas…
démosle gracias por semejantes palabras de consuelo que nos
hace llegar a nuestro corazón.
Felicidades
a todos los que se han acercado a ella y le han confiado su alma para
acompañarla por ese sendero, el caminito de la confianza, del
amor y de la ternura.
Jesús
Moreno Pacheco.
Nota:
Si deseas leer la carta completa, no olvides consultarla
en la sección
documentos, en Obras Completas.
