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La separación comienza.

María de la Trinidad fue quitada de su oficio como asistente de la enfermería porque Madre María de Gonzaga pensaba que no debía estar más en contacto con Teresita enferma, por temor de un posible contagio.

Teresita envió muchas pequeñas notas a su joven novicia para fortalecerla a que aceptara la decisión, el 6 de junio, le escribió.

Carta 242
A sor María de la Trinidad
J.M.J.T.
Jesús + 6 de junio de 1897

Querida hermanita:
Tu hermosa cartita me alegró el alma. Ya veo que no me he equivocado al pensar que Dios te llama a ser una gran santa, aún siendo pequeña y siéndolo cada día más.

Comprendo muy bien que sientas no poder hablarme, pero puedes estar segura de que también yo sufro por no poder hacerlo, y que nunca como ahora he comprendido que tú ocupas un lugar inmenso en mi corazón...

Algo que me alegra mucho es comprobar que la tristeza no te quita el buen humor: no he podido [vº] por menos de reírme al leer el final de tu carta: ¿de modo que así te burlas de mí? ¿Quién te ha hablado de mis escritos1? ¿A qué infolios te refieres? Ya veo que sueltas una mentira para sacar la verdad. Bueno, algún día la sabrás, si no es en la tierra, será en el cielo; pero seguro que no te preocupará demasiado, pues entonces tendremos otras cosas en que pensar...

¿Quieres saber si estoy contenta de ir al paraíso? Lo estaría enormemente si fuese a ir, pero... para ello no cuento con la enfermedad, es una conductora muy lenta. Sólo cuento ya con el amor. Pídele a Jesús que todas las oraciones que se hacen por mí sirvan para aumentar el fuego que ha de consumirme...


Últimos encuentros.

María de la Trinidad escribe en Junio...

Las noticias sobre su salud eran cada día más tristes; yo me ahogaba de pena... Un día que salí a tomar el aire a la huerta, la vi en su coche de enferma, debajo de los castaños. Estaba sola, y me hizo señas de que me acercase: "No, le dije, pueden vernos, y no tengo permiso". Entré en la ermita de Santa Faz, donde me eché a llorar. Al levantar la cabeza, vi con sorpresa a mi hermanita sor Teresa del Niño Jesús sentada en un tronco de árbol a mi lado. Me dijo: Yo no tengo prohibido acercarme a ti, y aunque tuviese que morir, quiero consolarte.
Me secó las lágrimas, apoyando mi cabeza sobre su pecho. Le supliqué que volviera al coche, pues estaba temblando de fiebre: Sí, pero antes tienes que sonreírme.
Lo hice inmediatamente, por miedo a que se pusiese peor, y la ayudé a llegar hasta el coche

Al final de agosto, cuando Teresa estaba muy enferma, María de la Trinidad obtuvo permiso de sentarse con ella por media hora. Y con su usual franqueza, la joven profesa (tenía sólo 23 años) con un carácter infantil, confesó a la enferma su necesidad de jugar y de distraerse un poco.

...descubrí al pie de la cama un gran balón rojo que habían traído para que se entretuviese. Aquel balón me despertó las ganas de jugar, y no pude por menos de decirle: "¡Cómo me gustaría jugar con él!". Ella sonrió, pero como su debilidad era tan grande que no podía soportar el menor ruido, me dijo: Ponte detrás de mí mientras no haya nadie, y juega con él; yo cerraré los ojos para que el ruido no me aturda.

Cogí encantada el balón, y le sacaba tanto gusto al juego, que Teresita parpadeaba una y otra vez por verme sin aparentarlo y no podía contener la risa. Entonces le dije: "¡No soporto estar triste tanto tiempo! ¡Ya no puedo más! Me vienen tentaciones de distraerme, ganas de jugar a la trompa que me regalaste por Navidad; pero si alguien me ve, es capaz de escandalizarse y de decir que no tengo corazón".
No, no ;me respondió;, yo misma te mando coger la trompa e ir a jugar durante una hora en el desván del noviciado. Allí nadie te oirá, y si alguien se da cuenta le dirás que te lo he mandado yo. Vete ya, me gusta mucho pensar que vas a divertirte.

 

El 12 de Agosto, de 1897, Teresa escribió con mano temblorosa, en la parte trasera de una imagen de la Sagrada Familia su legado final, este adiós final:

"A mi querida hermanita, en recuerdo de su 23 años. 12 de agosto de 1897."

"Que tu vida sea toda ella de humildad y amor, para que puedas ir pronto a donde yo voy.
¡A los brazos de Jesús...!

Tu hermanita, Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz.



La muerte de una Santa.

Durante las últimas semanas, en la rara ocasión cuando María de la Trinidad tuvo permiso de entrar en la enfermería, fue testigo del martirio que Teresita estaba sobrellevando.

Un día, muy probable al final de agosto, estuvo presente cuando Sor María del Sagrado Corazón (su hermana María) vino y trajo un racimo de uvas a Teresita, en la esperanza de aliviar su sed, aunque fuera un poco pues seguía sufriendo extremadamente a causa de la sed. "Nunca se me quita la sed, decía. Cuando bebo, la sed aumenta. Es como si echase fuego dentro". Por las mañanas tenía la lengua tan reseca, que parecía una escofina o un pedazo de madera.

Al final de Septiembre un día de lavar ropa, María de la Trinidad fue a ver a Teresita, quien le dijo sonriendo: "Estoy complacida de estar enferma el día de hoy, para compensar las fatigas que no puedo compartir contigo. Así, no tengo nada que envidiarte en eso..."

 

El 29 de septiembre, Teresa estaba en el final de su sufrimiento. María de la Trinidad fue a la enfermería, pero Teresita estaba exhausta que "después de unos momentos", ella le pidió con mucha amabilidad que se retirara. Cuando se marchó, Madre Inés de Jesús le dijo: ¡Pobrecita! ¡Te ama tanto! . Teresita contestó "¿He hecho mal diciéndole que se fuera?"
y su rostro cobró una expresión de tristeza, que Madre Inés tuvo que tranquilizarla inmediatamente.

Este fue el último encuentro entre Teresita y su amada discípula...

Buscando los últimos momentos de la vida de Teresa, aquí está el testimonio que nos fue dado por María de la Trinidad:

El día de su muerte, después de Vísperas, fui a la enfermería, donde encontré a las Sierva de Dios sosteniendo, con ánimo invencible, las últimas luchas de la más terrible agonía. Tenía las manos completamente amoratadas, las juntaba angustiosamente y exclamaba con una voz que la sobreexcitación de un intenso sufrimiento hacía clara y fuerte:

¡Dios mío..., ten compasión de mí...! ¡María, venid en mi ayuda...!

¡Ay, Dios mío, cuánto sufro...! El cáliz está lleno... ¡Lleno hasta los bordes...!

¡Nunca voy a saber morir...!

¡Animo!, le dijo nuestra Madre, estás llegando al final. Un poco más y todo habrá terminado.
¡No, Madre, todavía no ha terminado...! Estoy segura de que seguiré sufriendo así durante meses.

Y si fuera la voluntad de Dios dejarte así un largo tiempo en la cruz, ¿lo aceptarías?
Con un acento de extraordinario heroísmo contestó:

¡Lo acepto!

Y su cabeza volvió a caer sobre la almohada con una expresión tan tranquila y resignada, que no podíamos contener las lágrimas. Era exactamente idéntica a una mártir a la espera de nuevos suplicios. Yo abandoné la enfermería, incapaz de soportar por más tiempo tan doloroso espectáculo.

Ya sólo volví con la comunidad para los últimos momentos, y fui testigo de su hermosa y prolongada mirada extática en el momento en que murió, el jueves 30 de septiembre de 1897 a las 7 de la tarde.


Aquí mi visita a Sor María de la Trinidad en el Cementerio de Lisieux, 2002.



publicada el 8 de Septiembre del 2003.
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