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Sor María de la Trinidad y de la Santa Faz.
(1874 - 1944)
(María Luisa Castell)

Religiosa carmelita de Lisieux, novicia de Teresita. María Castel, que primero fue carmelita en París (1891-1893), fue recibida en Lisieux el 16 de Junio de 1894, e hizo la profesión el 30 de Abril de 1896.

Por su gran acercamiento y gran intimidad con Teresita, dio importantes testimonios en los procesos y escribió los "Consejos y recuerdos" que ella misma recogió.

No pretendo en este momento abarcar todo lo concerniente a la relación transformante de Santa Teresita y su amada novicia, por lo pronto quisiera poner la pauta y los motivos del ¿porqué? Sor María de la Trinidad también a llegado a tocar mi corazón, y el porqué todas las almas amigas de Teresita le debemos gratitud a esta traviesa e inquieta "pequeña muñeca de Teresa".

A mi parecer y después de tanto haber leído, llego a la conclusión de que después de sus hermanas (de sangre) que estaban con ella en el Carmelo de Lisieux, Sor María de la Trinidad constituye el ser más cercano y amado por Teresita...

El Padre Pierre Descouvemont nos describe que, María de la Trinidad era especialmente sensitiva al mensaje de alegría evangélica que emanaba de Teresa, una alegría que era fruto de su Amor.

Teresita canta acerca de ese amor, por ejemplo, en un poema que le dedica y se lo obsequia a su novicia el 31 de mayo de 1896, fiesta de la Santísima Trinidad.

Uno no puede agradecer lo bastante a Dios de haber reunido a María Luisa Castel y a Sor Teresa del Niño Jesús, sin esa amistad, nos hubiéramos privado de los poemas en los cuales "La más grande santa de los tiempos modernos" dio lo mejor de su corazón a la más pequeña de sus novicias.

Amistad que tuvo su más duro momento de prueba, en el otoño de 1896, había un serio cuestionamiento de la posible salida de dos novicias hacia el Carmelo de Saigón... y eran precisamente las dos novicias "preferidas" por Teresa, Sor Genoveva (Celina su hermana) y Sor María de la Trinidad.


"mi cielo se llenó de nubes" Teresa escribió más tarde recordando esta prueba. "solamente en el fondo de mi corazón quedaba calma y paz." La tormenta pasó, las dos novicias permanecieron en Lisieux, donde pudieron continuar beneficiándose de la enseñanza de Teresa; y nosotros de pasada hemos podido beneficiarnos de todo lo que sus memorias han conservado.

Con mucho tacto, Teresita hacía especial esfuerzo para mostrar a ambas que cada una tenía un lugar especial en su corazón. Ella arreglaba, por ejemplo, para que Sor María de la Trinidad estuviera cerca de ella en algunas fotografías de vez en cuando: "Hoy es tu turno, hermana Genoveva será la siguiente cerca de mí en la foto familiar y tú no estarás ahí..."

 

La amistad se vuelve más profunda.

Les comentaba que uno puede decir sin riesgo de equivocarse, que María de la Trinidad se benefició de una relación totalmente privilegiada con su maestra de novicias, que se consideraba así misma como la "hija" de Teresa.

Con Sor María de la Trinidad, Teresita era totalmente natural, ella le podía compartir sus más profundos pensamientos, corazón a corazón, en un muy simple estilo y en un tono jovial que le podía transmitir perfectamente el mensaje que deseaba, en fin una verdadera "complicidad" en el mejor sentido de la palabra.

En el último mes de sus vidas juntas, ellas intercambiaron profundamente incluso más. María de la Trinidad creyó que Teresa sería una santa, tanto que un día ella cayó de rodillas frente a ella y juntando sus manos, lloró diciéndole: "¡Oh, Sor Teresa del Niño Jesús, tu no eres como los demás!, Estoy segura que después de tu muerte, la gente se postrará delante de ti diciendo, Santa Teresa del Niño Jesús, ora por nosotros..." a lo cual escuchaba esta amorosa reprimenda: "¡Realmente eres un bebé!, ven y sígueme divirtiendo". Conocemos este episodio solamente porque está dicho en el obituario de María de la Trinidad y encaja totalmente con su carácter espontáneo.

Por su parte, Teresa, no dudaba confiarle a su novicia los sueños que tenía en relación al cielo. Un día, por ejemplo, Teresa le dijo: "Anoche soñé que me preguntabas: 'Cuando estés en el cielo, ¿en qué lugar serás colocada? Y sin ninguna duda, yo te respondí: 'En las rodillas de Dios y ahí yo podía permanecer hablándole al oído.
Entonces tu replicabas: "y yo, en qué lugar seré colocada? Y yo te decía: "Tú mi pequeña muñeca, tu serás colocada en mis brazos!"...

Y Teresa agregó "Tu debes ver cuanto te amo, que incluso hasta en mis sueños pienso en ti..."

Un día Teresa incluso fue más allá al decirle: "No puedo decirte que te amo más hoy de lo que lo hacía ayer, porque mi amor por ti ha llegado a ser tan intenso que no podría incrementarse..."

Cada vez más, María de la Trinidad tenía el sentimiento de estar tan cerca y de estar cuidando a una verdadera "santa".

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publicada el 8 de Septiembre del 2003.