Al
cabo de una semana, el día de hoy, mi corazón aún
palpita lleno de gratitud y de emoción… al darse cuenta
nuevamente de la ternura y delicadeza de la pequeña de Lisieux
que a estos tres peregrinos les demostró en la visita allá
a su casa…
Al
constatar cómo ella misma fue guiando los acontecimientos y
las situaciones, para indicarnos el camino que debíamos de
seguir para lograr lo que ella nos tenía preparado... y todo
ello, superó, en mucho, cualquier expectativa que lleváramos
los tres.
Efectivamente,
hoy quiero contar algunos de esos detalles que nuevamente guardaré
por siempre en mi memoria, y quiero compartirlos, pero más
o menos en orden cronológico…
Chuy.
Miércoles
11 de Octubre de 2006