Puente de San Leonardo, sobre el Sarthe, donde Celia tuvo la intuición definitiva de casarse con Luis, cuando se encontró con él por primera vez.

 

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Celia Guerin tiene el don de la intuición, sin que ella se lo pueda explicar. Los hechos están ahí. La víspera de sus veinte años hace una novena a la Virgen Inmaculada para orientarse en la elección de un trabajo profesional: súbitamente se da cuenta con claridad, ese 8 de diciembre de 1850, como si se lo hubiera dictado la Madre de Familia de Nazareth: "Manda hacer punto de Alencon"...

El 8 de diciembre será siempre para ella "un día memorable: he obtenido dos veces grandes gracias en este día", escribe, "es para mí una gran fiesta".

 

La idea de Celia no era, pues, la de hacer "punto de Alencon", que entre las labores de encaje era considerada la más bella y refinada, sino (¡a sus veinte años!) la de mandar hacer... es decir, poner a otras obreras a su servicio y reservarse el unir los distintos trozos, enmendándolos si fuera preciso. Y "se necesitaba ser muy experta en las uniones para que quedara invisible la costura, escollo y triunfo de los virtuosos", escribe el Padre Piat en su obra (Historia de una Familia, 1947, página 42)

Algunos años después.... la decisión concreta de casarse la toma, igualmente, a continuación de una intuición fuera de lo común. Sus hijas recogerán esta confidencia...

Un día, al atravesar en la ciudad de Alencon el puente de San Leonardo que cruza el río Sarthe, cuando pasa un joven distinguido -que es Luis Martin-, el corazón de Celia sabe que "él" será el elegido. Durante tres meses, una primavera, Celia y Luis se reencuentran, se hablan, se estiman, se quieren con amor puro y profundo como dos lagos que se bordean. Deciden unir sus corazones y sus pensamientos en un destino común aún desconocido, que creen ser querido y guiado por Dios.

Zelie Martin.

 

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Sección publicada el 16 de Julio del 2009.

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