LA BASILICA DE SANTA TERESA

EL INTERIOR

« Qué alegría cuando me dijeron:
Vamos a la casa del Señor ».

En este inmenso lugar, ningún elemento arquitectónico, ninguna columna se interpone a nuestra vista. El presbiterio y altar mayor se elevan sobre el suelo y pueden participar de las celebraciones litúrgicas unas 3000 personas.

EL CRUCERO

Avanzando hacia el centro de la Basílica, pueden dedicar unos momentos para saludar al Señor, presente en el Santísimo Sacramento, discretamente situado en el primer altar que se percibe al fondo, a su izquierda, señalada su presencia por una lamparilla roja.

En el crucero sur, percibimos las lamparillas y las flores que rodean el relicario que Pío XI ofreció para contener los huesos del brazo derecho de Santa Teresa, con el cual escribió los recuerdos de su vida que, posteriormente publicados bajo el título « Historia de un alma », traducidos en más de 50 lenguas, recorrieron el mundo entero.

Así muchos países conocieron sus escritos, y contribuyeron para la edificación de esta gran Basílica, cuyos altares laterales indican sus nombres. Por ello Pío XI, que autorizó su construcción, quiso que, en ese mismo lugar, el mundo entero pudiera venerar las reliquias de aquel brazo, gracias al cual se la ama y se la conoce en los cinco continentes. Los peregrinos y visitantes se acercan a él para rezar por muchas intenciones del mundo y de la Iglesia:

Elevando la mirada por encima del relicario, las vitrinas de vivos colores que brillan a la luz del sol, ilustran el mensaje de la Santa: « en el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el Amor». Su testimonio nos ayuda a comprender mejor cómo el hombre responde al don de Dios entregándose a sí mismo. Como dice Santa Teresa: « Amar es darlo todo, y darse uno mismo».

En esta vitrina encontramos el texto de una de las más bellas páginas de Teresa escritas en la Historia de un alma:

« Ser tu esposa, ¡oh Jesús! ser carmelita... Sin embargo, siento en mí otras vocaciones; ... de guerrero, de sacerdote, de apóstol, de doctor, de mártir... mi vocación es el AMOR ... ¡ en el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor ... ¡¡¡ Así lo seré todo..., así mi sueño se verá realizado ... »

En el detalle central, la Santa arrodillada al pie de la cruz recibe la irradiación del amor de Cristo y se convierte en « fuente viva » que hace manar sobre las almas.
Así ella realiza todas las vocaciones que deseó. En las vitrinas inferiores, de izquierda a derecha, dos vírgenes (Cecilia y Teresa de Ávila), dos guerreros (San Luis Rey y Juana de Arco), dos sacerdotes (San Vicente de Paúl y San Juan María Vianney, cura de Ars), dos misioneros (San Francisco Javier y Teófano Venard), dos doctores (San Juan de la Cruz y San Francisco de Sales), dos mártires (San Esteban y Santa Inés).

Dilatada letanía de santos cuya vida y muerte proclama al Señor por las rutas del mundo: « Santos y Santas de Dios, rogad por nosotros ». A ambos lados de esta escena, las «vocaciones» fundamentales de la Santa. A la izquierda su deseo de ser misionera (escena evangélica del envío de los discípulos), a la derecha su atractivo por el martirio (el degüelle de los Santos Inocentes). La elección de los personajes y de las escenas ha sido dictada por las preferencias de la Santa.

Veamos las vitrinas del crucero Norte de colores más suaves; sobre matices azules el texto del salmo XXII, del Buen Pastor, que ocupa un lugar tan importante en la vida de Teresa: « El Señor es mi Pastor, nada me falta... » Ante la actitud paternal de Dios, el alma responde, como Santa Teresa, alabándole y « cantando sus misericordias ». El tema inscrito en el friso de los ventanales, los versículos del « Benedícite », canto del gozo y la alabanza.

Las vitrinas de las capillas inferiores, en los distintos altares, están dedicadas al Vía-Crucis.

La Cúpula se apoya sobre las cuatro grandes columnas que representan a los Apóstoles, los Evangelistas, y los Santos Matías, Pablo y Bernabé, sobre los que Cristo edificó su Iglesia, cuyos sucesores son hoy los Obispos del mundo entero en comunión con el Papa, sucesor de Pedro.

El centro de la cúpula representa el Cielo: Dios Padre, Dios Espíritu y Cristo Rey; junto a El, María Reina. Teresa, al « entrar en la Vida », es acogida en la Trinidad, y recibe la corona de la gloria: nosotros también somos esperados en el Cielo. Los Ángeles, contemplando al Señor, velan sobre los hombres que El les ha confiado.

En el plano inferior, los 8 cuadros en círculo evocan las Bienaventuranzas, representadas por algunos Santos:

1 ° «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos », personificada por San Francisco de Asís, rodeado de las ovejas y el lobo de Gubbio, hablando a los pajarillos.

2° « ... los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia », personificada por San Vicente de Paúl que libera a los galeotes, y también una religiosa de su congregación que cuida a unos huerfanitos.

3° « Bienaventurados los que sufren persecución por la justicia, porque de ellos es el Reino de
los Cielos ». Personificada por Santa Juana de Arco en la hoguera.

4° «Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados » .. María Magdalena junto al sepulcro de Jesús.

5° « Bienaventurados los que tienen hambre y sed de Justicia, porque ellos serán hartos » .. Santa Teresa de Ávila, con la presentación simbólica de la Regla del Carmen que reformó. En segundo plano, San Juan de la Cruz.

6° « Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán la tierra» .. San Francisco de Sales predicando en las montañas del Chablais; en segundo plano, Santa Juana de Chantal.

7° « Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios» .. San Pío X en el centro y, a uno y otro lado, los horrores de la guerra y las bendiciones de la paz.

8° «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios » .. Santa Cecilia recibiendo una corona de rosas que le ofrece su marido Valeriano; en segundo plano, el verdugo que la va a decapitar.

Cada uno de estos ocho cuadros mide 6 m de largo por 4 m ancho, y la galería circular está rodeada de una columnata.

Santa Teresa, gloriosa hoy en el cielo, continúa respondiendo generosamente al Amor.
No está inactiva, pues su deseo es « volver sobre la tierra para hacer amar al Amor ». Por ello se ha inscrito en el tambor de la cúpula su célebre promesa:
« Quiero pasar mi Cielo haciendo el bien sobre la tierra... Haré caer una lluvia de rosas ».
Y en las cuatro esquinas, las figuras de cuatro grandes ángeles realizando sus promesas:

« Yo bajaré... » (el ángel de la abundancia de dones);
« ayudaré a los Sacerdotes » (el ángel de Sacerdocio);
« ayudaré a los Misioneros » (el ángel de la Misión),
« ayudaré a toda la Iglesia» (el ángel de la Iglesia).




 


publicada el 10 de Mayol del 2005

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