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1994, Teresa de Lisieux recorre todo el mundo. Por medio de sus pobres
restos mortales se manifiesta su presencia activa y la extraordinaria
irradiación de su mensaje. La peregrinación de sus reliquias
por los cinco continentes constituye un acontecimiento mundial sin precedentes,
al que no parece habérsele dado toda su importancia, si se tiene
en cuenta el silencio de los medios de comunicación de nuestro
país. Pero el hecho es irrefutable : Teresa da la vuelta al mundo.
Cada semana llegan al Santuario de Lisieux testimonios sorprendentes
de obispos y comunidades cristianas que cuentan lo que sucede en los
lugares donde Santa Teresita es acogida. Conservamos cuidadosamente
todas estas informaciones, que constituyen hasta el día de hoy
más de 50 volúmenes de archivos (programas, itinerarios,
fotos, testimonios, carteles, estampas, reportajes, videos, etc.) Es
decir, una verdadera fuente de información de la que podrán
disponer los investigadores que en el futuro se interesen por lo que
se puede llamar una verdadera epopeya que, en la revista THERESE DE
LISIEUX, se relata cada mes.
Al hablar de la acogida que las Reliquias de Santa Teresita tienen en
todo el mundo, conviene, en primer lugar, relatar los hechos desde el
principio. Todo comenzó hace cien años.
Cuando murió Sor Teresa del Niño Jesús de la Santa
Faz fue enterrada en el cementerio municipal de Lisieux, el 4 de octubre
de 1897. Precisamente fue ella la que estrenó la nueva sepultura
comprada por el Carmelo a raíz de las nuevas disposiciones legales,
que prohibían las inhumaciones en la clausura de los monasterios.
Con la perspectiva del tiempo y a la vista de los acontecimientos sucedidos
después de su muerte, se puede afirmar que dicha prohibición
fue providencial, pues permitió a cientos de miles de peregrinos
acudir a su tumba durante 25 años, cosa que jamás hubiera
sucedido si Teresa hubiese sido enterrada en el interior de su convento.
En 1923, con ocasión de su beatificación, los restos mortales
de Santa Teresita fueron llevados a la Capilla del Carmelo, donde descansan
desde entonces. Cuando se habla de las reliquias de Teresa es preciso
remontarse al origen de su veneración en el cementerio de la
ciudad. Así que las peregrinaciones, como yo suelo decir, comenzaron
en la tumba de Teresa... Pero, ¿no sucedió lo mismo en
Roma, en Santiago de Compostela y en tantos otros santuarios de todo
el mundo ?
Un fenómeno antropológico
Cuando se habla de reliquias conviene llamar la atención sobre
el hecho de que el culto a las reliquias no es sólo un fenómeno
cristiano o concretamente católico. Es ante todo un fenómeno
antropológico, universal y que se remonta a los orígenes
del hombre. Es incluso uno de los signos indudables que atestigua la
presencia del hombre en la tierra, como lo confirman todos los antropólogos,
porque sólo los hombres entierran a sus muertos.
Esos pobres restos humanos, esos pobres huesos colocados con cuidado
en una caverna o en una tumba ejercen una función sagrada de
memoria, de recuerdo y de comunión, desde la noche de los tiempos
hasta nuestros días. Cuando cada año millones de hombre
y de mujeres de todas las culturas y de todas las condiciones sociales
se reúnen en los cementerios, lo hacen delante de las "reliquias",
es decir, de los restos mortales de sus allegados y rezan, recuerdan
y están en comunión con ellos por el pensamiento, el corazón
y la plegaria.
La actualidad nos proporciona múltiples ejemplos de este apego
de los hombres por conservar y honrar los restos mortales de sus semejantes.
Así cuando sobreviene una tragedia, como el derrumbamiento de
las dos torres gemelas del World Trade Center de New York o el drama
del submarino ruso Kourks que se hundió en el Báltico,
se hicieron todos los esfuerzos posibles para encontrar los cuerpos
de los desaparecidos y devolverlos a sus familiares.
Sentido cristiano de las reliquias
La Iglesia, "experta en humanidad" según la hermosa
expresión de Pablo VI, ha respetado siempre la costumbre de recogerse
y de rezar en presencia de los restos mortales de las personas que hemos
conocido y amado. Esta práctica, presente tanto en el Antiguo
como en el Nuevo Testamento, perdura hasta hoy.
Los hombres no somos sólo espíritu y por eso tenemos necesidad
de signos. Precisamente las reliquias de los santos son consideradas
como signos muy pobres y muy frágiles de lo que fueron sus cuerpos.
En presencia de las reliquias podemos evocar más fácilmente
su condición humana : con sus cuerpos los santos pensaron, actuaron,
rezaron, sufrieron y experimentaron la muerte.
De estos signos tan pobres y casi irrisorios a veces se sirve Dios para
manifestar su presencia y hacer brillar su poder y su gloria, ya que
es Él quien obra por medio de ellos. Estamos, pues, ante una
lógica distinta a la del mundo, estamos ante la lógica
de Dios tan desconcertante para nuestros pobres espíritus. Recordemos
lo que escribía el apóstol San Pablo a los Corintios.
"Dios ha escogido lo que el mundo considera necio para confundir
a los sabios; ha elegido lo que el mundo considera débil para
confundir a los fuertes" (1 Co 1,27). Y también dice : "Lo
que en Dios parece locura, es más sabio que los hombre; y lo
que en Dios parece debilidad, es más fuerte que los hombres"
(1 Co 1,25).
Volviendo al caso de Santa Teresita es un hecho que en su presencia
y al contacto con sus restos, sus pobres restos mortales semejantes
a los de una rosa deshojada Dios, que recibió tantas señales
de amor por medio de él quiera, a su vez, manifestar su amor
por medio de los restos de ese mismo cuerpo.
A partir de estos pobres signos se revela y se manifiesta su poder de
salvación. Basta para convencerse de ello con leer los volúmenes
que relatan las gracias y las curaciones obtenidas al contacto con las
reliquias de Teresa, así como el abundante correo que llega cada
día a Lisieux. ¿Quién contará, por otra
parte, el número de los que conservan cuidadosamente en su cartera
o entre sus objetos personales alguna estampa u otro objeto en el que
escribieron que tocó las reliquias de Santa Teresita...? "Yo
te alabo, Padre y Señor del cielo y de la tierra, porque has
ocultado estas cosas a los sabios y prudentes y se las has dado a conocer
a los sencillos" (Lc 10,21)
Además, el culto a las reliquias de los santos sirve para significar
que estamos esperando la Resurrección. En efecto, Dios que nos
ha dado un cuerpo a partir de tan poca cosa, es lo bastante poderoso
para darnos un cuerpo de gloria. Los restos mortales del primero con
como las arras del segundo. Las reliquias son el signo de esta doble
verdad. Por eso se colocan en la piedra de nuestros altares, lugar de
la presencia real de Cristo resucitado en cada una de nuestras Eucaristías,
esas Eucaristías donde se anticipa el misterio de nuestra propia
resurrección.
Es verdad que en los siglos pasados se produjeron abusos a propósito
del uso y de la autenticidad de las reliquias y que la sensibilidad
de algunos contemporáneos es, en este aspecto, distinta de la
de nuestros antepasados; sin embargo, el culto a las reliquias ha tenido
siempre su valor y su razón de ser en la Iglesia y las celebraciones
que giran alrededor de su presencia significativa atraen siempre a muchedumbres,
como lo comprobamos en Lisieux y en otros lugares.
Testimonio de Blas Pascal
Si se me permite, voy a evocar con relación a lo dicho la gran
figura de Pascal. Este pensador genial en tantos ámbitos, este
auténtico místico nos ha dejado sus opiniones a propósito
de las reliquias que él mismo veneraba con inmenso respeto. Es
verdad que había sido testigo de la curación milagrosa
de su sobrina - algo que lo conmovió hondamente - de una fístula
lacrimal, al contacto con una reliquia de la Santa Espina. Dicha curación
fue autentificada por la Iglesia de París. A raíz de la
curación Pascal escribió : "Ya que Dios ha llenado
a la familia de alegría por este hecho, ojalá no encuentre
en la misma mas que agradecimiento".
En un fragmento de su correspondencia con sus amigos los Roannez y después
de haber recibido una reliquia, Pascal escribió: "Es una
verdad que el Espíritu Santo reposa invisiblemente en las reliquias
de los que han muerto en gracia de Dios, hasta que aparezca visiblemente
en la resurrección; esto es los que hace a las reliquias de los
santos dignas de veneración. Pues Dios no abandona jamás
a los suyos, ni siquiera en el sepulcro donde sus cuerpos, aunque muertos
a los ojos de los hombres, están más vivos delante de
Dios, pues el pecado ya no existe ni tampoco los frutos del pecado;
y esta desgraciada raíz que nos es inseparable durante toda la
vida, hace que no nos será permitido honrarlos, puesto que son
más bien dignos de ser odiados. Por eso la muerte es necesaria,
para matar esa raíz y esto es los que la hace deseable"
(Septiembre 1656).
A la luz de lo expresado anteriormente me parece que la actitud que
debemos tener en el encuentro con esos signos que son las reliquias,
se encuentra admirablemente descrita por el mismo Pascal en este otro
fragmento de sus Pensamientos: "Conviene que lo exterior se una
a lo interior para alcanzar algo de Dios; es decir, que uno se ponga
de rodillas, rece con los labios... para que el hombre orgulloso, que
no ha querido someterse a Dios, se humille ante la criatura. Esperar
la ayuda de lo exterior es ser supersticioso, no unir lo exterior a
lo interior es ser soberbio" (944)
Historia de esta epopeya
Todo comenzó al día siguiente de las fiestas teresianas
de septiembre, en 1992. Aquel año, el 10 de enero, fui nombrado
rector de la Basílica y me hice cargo de la organización
y animación del Pelerinage de Lisieux. Mi obispo, Mons. Pican,
me encomendó dos tareas especiales: preparar las celebraciones
del Centenario de la muerte de teresa en 1997 y trabajar con Mons. Guy
Gaucher para lograr que Teresa fuese declarada Doctora de la Iglesia.
En mi mente 1997 estaba aún lejos, pero era preciso comenzar
a preparar el Centenario sin tardanza. En aquellos días percibí
repentinamente una luz especial que poco a poco se impuso en mí
como algo evidente. Se la confié a unos amigos en las fiestas
teresianas. Había recordado el viaje extraordinario de las reliquias
de Santa Teresita del Niño Jesús en 1947 y 1948 por todas
las diócesis de Francia . Desde ese momento pensé, ¿por
qué no intentar de nuevo esa experiencia? Algunas, muchas cosas
habían cambiado a lo largo de 50 años en la sociedad y
en la iglesia de Francia y yo sabía que no se podía repetir
la experiencia tal cual.
Sin embargo, los sentimientos profundos del corazón humano no
cambian. Por ello estaba convencido de que se podía proponer
a los que lo deseasen recibir las reliquias de Santa Teresita. En mi
pensamiento esto tenía por objetivo provocar una dinámica
capaz de movilizar espíritus y corazones con el fin de entrar
de lleno en la celebración de Centenario de la muerte de santa
Teresita y recibir en él una lluvia de gracias. Me parecía,
en efecto, que la realización de esta peregrinación sería
una formidable ocasión para dar a conocer su pensamiento, su
mensaje, "su caminito" como ella decía y que aún
es ignorado por el gran público. Estaba convencido de que esa
luz me la había enviado Santa Teresita.
Pronto vi las cosas claras . No era cuestión de volver a hacer
otra peregrinación por toda Francia. Pensé que se podían
escoger tres lugares prestigiosos ligados a Teresa: París, Lyon
y Marsella. En estas ciudades Teresa había rezado cuando fue
a Roma, en 1887. Además son las ciudades más grandes de
Francia. Imaginaba que la visita de Teresa a Parí, Lyon y Marsella
podría hacerse en 1994. Luego, en 1995, ¿ por qué
no extenderla a otras ciudades de Europa y en 1996 a todo el mundo,
escogiendo para ello lugares emblemáticos como capitales o Santuarios
internacionales?
Evidentemente Santa Teresita cambió mis planes, pues lo que sucedió
de 1994 a 1996 no fue mas que el preludio de lo que hoy se puede llamar
una verdadera epopeya. No voy a hacer la historia detallada de esta
peregrinación, que esta todo escrito, sencillamente voy a recordar
que comenzó el 14 de octubre de 1994 en el Santuario de Fourviere,
luego en noviembre, en Marsella, en Notre Dame de la Garde.
A lo largo de 1995, varias parroquias y santuarios de París recibieron
las reliquias de Santa Teresita así como numerosos monasterios
y prácticamente todos los Carmelos de Francia.
Una llamada me llegó de Bélgica. Mons. Leonard, obispo
de Namur, tenía grandes deseos de recibir las reliquias de Teresa
en su diócesis, del 17 al 27 de noviembre de 1995.
Al año siguiente, 1996, todas las diócesis de Bélgica
quisieron también acoger las reliquias, así como el Gran
Ducado de Luxemburgo. Luego, en el verano, millares de jóvenes
europeos las recibieron en Altottoing, Alemania y en Rímini,
Italia. Teresa anticipaba así sus futuras peregrinaciones por
todo el mundo. Las
reliquias permanecieron en el Santuario de Lisieux todo el año
del Centenario. Y, cuando se conoció la noticia del Doctorado,
el Santo Padre manifestó su deseo de que estuviesen presentes
en Roma, el 19 de Octubre 1997, fecha memorable de la proclamación
de Santa Teresita como Doctora de la Iglesia. Guardaré
siempre en mi memoria la gran ovación de millares de fieles llegados
de todo el mundo para esta ocasión, cuando apareció, saliendo
de la Basílica de San Pedro, el frágil y precioso relicario
de Lisieux que contiene los restos mortales de Teresa.
Después de las celebraciones del Centenario en Lisieux las reliquias
fueron recibidas en Suiza, en Austria y en Eslovenia. De allí
alzaron el vuelo para una visita de un año a Brasil, en 1998.
Cuando
volvieron de Brasil fueron acogidas en Holanda, del 20 de enero al 21
de febrero de 1999. Luego, del 27 de febrero al 30 de junio, las reliquias
visitaron la inmensa Rusia y al terminó de una increíble
peregrinación por Siberia, permanecieron en Kazakhistan durante
dos meses.
Del 1 de julio al 4 de octubre Teresa cruzó de nuevo los océanos
para ir al encuentro de las diócesis de Argentina y estar presente
en el 6º Congreso Misionero Latino Americano que, por primera vez,
estaba abierto a las dos Américas. A partir del 5 de octubre
nuevo vuelo a Estados Unidos, donde estuvieron tres meses. El 30 de
Enero de 2000 las reliquias partieron de Honolulu y, durante tres meses,
fueron recibidas en Filipinas, en Taiwan y en Hong Kong.
Después de esta gran gira por el sudeste asiático, Teresa
regresará a Europa el 30 de abril de 2000 y, de nuevo, será
recibida en Italia hasta el final del Año del Gran Jubileo.
Fue en México, de enero a marzo de 2001, donde Teresa entró
en el III milenio. En el transcurso de ese mismo año Irlanda
la recibió triunfalmente de abril a junio. En julio Teresa fue
recibida en Bosnia- Herzegovina y Canadá.
De momento, Australia la recibe de febrero a abril, luego, de mayo a
julio irá al extremo del mundo, a Polinesia y Oceanía
para visitar, según su deseo, "las islas más remotas",
ya que Nueva Caledonia, Walis y Fortuna Vanatu, Tahití y las
Islas Marquesas la esperan con impaciencia. En
otoño de 2002, Teresa tomará de nuevo su bastón
de peregrina para recorrer Líbano y las comunidades cristianas
de Egipto y espera que mejore de la situación para poder visitar
Tierra Santa.
Su calendario está completo durante todo el año 2003 con
visitas programadas a Isla Mauricio, Reunión y Seychelles y después
a diócesis de Escocia y España. En cuanto a África,
sabemos que los episcopados de este inmenso continente se preparan activamente
para recibir a la Patrona de la Misiones en el 2004-2005.
Algunas conclusiones
Esta aventura es, en cierto modo, providencial en la medida en que ha
permitido y permitirá a muchedumbres de hombres y de mujeres
que no hubiesen ,quizá, tenido jamás la ocasión
de visitar el santuario de Lisieux, recibir la gracia de que Teresa
las visite en su tierra.
También ha infundido e infundirá en muchas otras el deseo
de conocer los lugares donde vivió. Desde este punto de vista,
la peregrinación de las reliquias constituye para el Santuario
de Lisieux una inversión a corto y medio plazo. En efecto, estoy
persuadido de que los futuros peregrinos de los próximos decenios
serán personas que, en su país, participaron en la acogida
de las reliquias de Teresa, como ya lo constatamos desde ahora. Mirado
así, el santuario de Lisieux asegura a la ciudad de Lisieux y
a su región una promoción inesperada. ¿No han cubierto
el acontecimiento del viaje de las Reliquias, a lo largo de semanas,
todos los medios de comunicación de los países donde han
sido recibidas?
¿Qué
más podemos decir?
Ingentes muchedumbres se han desplazado para darle gracias, para abrirle
su corazón y depositar en el suyo sus dolores, sus alegrías
y esperanzas. Todos: niños, jóvenes, adultos, ancianos,
pobres, sabios... experimentan una asombrosa proximidad con Teresa,
su amiga, su hermana, su confidente, la Santa de sus amores después
de la Virgen María.
En todos los sitios el mismo recibimiento, el mismo fervor, la misma
alegría. Innumerables testimonios recibidos en Lisieux atestiguan
que lo sucedido durante estos tres años al paso de las reliquias
de Santa Teresita, ha sido un acontecimiento espiritual de primer grado
y del que aún no hemos sacado todas las consecuencias En
todos los lugares donde ha sido recibida, Teresa ha repetido incansablemente
su mensaje de amor y de invencible esperanza. ¿Quién podrá
enumerar las gracias recibidas, las curaciones obtenidas, las vocaciones
suscitadas, las conversiones realizadas?
Desde las más prestigiosas catedrales a las más pequeñas
parroquias, desde las más célebres abadías a las
más humildes comunidades, Teresa ha sembrado en los espíritus
y en los corazones la buena semilla de la palabra de Dios con el fin
de que crezca y produzca abundante fruto. Trabajando en profundidad
y en todas las direcciones todo el mundo, Teresa ha abierto campos llenos
de esperanza.
En la aurora del III milenio Teresa aparece como protagonista esencial
en la nueva evangelización con la que se debe contar. No nos
debe asombrar lo anterior cuando sabemos que la Iglesia la ha proclamado
Patrona Universal de las Misiones. Todos comprendemos que la influencia
permanente de Teresa en los corazones radica en que su mensaje es un
eco muy fiel y muy puro del Evangelio.
Dichosos nosotros que hemos sido testigos de estas maravillas y que
hemos visto cumplidos sus deseos y sus promesas:
"A
pesar de mi pequeñez quisiera iluminar a las almas como los profetas
y los Doctores. Tengo vocación de apóstol. Quisiera recorrer
la tierra, anunciar el Evangelio en las cinco partes del mundo y hasta
en las islas más remotas. Quisiera ser misionero..."(Ms
B, 3 r°)
Después de recorrer centenares de kilómetros y de reunir
a millares de personas de todas las edades y condiciones, Teresa no
deja de sorprendernos.
Pero también es sorprendente esta profecía que se ha cumplido
ante nuestros ojos:
"Los Santos me dicen: después de tu muerte
comenzara el tiempo de tus trabajos y de tus conquistas"
(Últimas conversaciones, 10 de agosto
de 1897)
publicada el 16 de Enero del 2003
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