Llegamos
ante el altar mayor decorado con la imagen de Santa Teresa. Con la
mirada y los brazos en alto, se eleva hacia el Águila Divina
que la llama, con el gesto del niño que se echa confiadamente
en los brazos de su padre. Detrás de la imagen vemos caer una
lluvia de rosas, brotando de la Cruz, sobre los peregrinos venidos
a confiarse con sus penas y sus gozos.

A
la derecha del altar mayor, el altar con la imagen de bronce representando
a la « Virgen de la Sonrisa », a quien Teresa expresó
su cariño en su poesía « Por qué te amo,
oh María ».
A
la izquierda, en la otra nave lateral, el altar del Niño Jesús
y de la Santa Faz, donde se encuentra una reproducción de la
imagen del Niño Jesús que se hallaba en el Carmelo y
que la Santa adornaba con flores.
Alrededor
de la Cripta, hay doce pequeños altares dedicados a: San José,
Santa Juana de Arco, San Juan Evangelista, San Pablo, San Francisco
de Sales, Santa Teresa de Ávila, al Bienaventurado Teófano
Venard, San Juan de la Cruz, Santa Inés, Santa Cecilia, San
Agustín y Santa María Magdalena.
En
1958 se completó la decoración de la Cripta con los
cinco grandes mosaicos de los tímpanos, con escenas de' la
vida de Santa Teresa:
-
Bajo el pórtico, lado sur, el Bautismo de Teresa nos recuerda
que somos hijos de Dios por el Bautismo. Lado norte, la evocación
de su Primera Comunión: « Aquel día, ya no fue
una mirada sino una fusión de amor. Jesús y Teresa ya
no eran dos, Teresa había desaparecido como la gota de agua
que se pierde en el océano ».
-
Bajo la puerta de la Sacristía, del lado del órgano,
la evocación de la Virgen de la Sonrisa. De ella dice: «
me pareció hermosa, tan hermosa que nunca había visto
nada tan bello ».
Al
otro lado, en la Capilla del Santísimo, vemos la Profesión
Religiosa de la Santa: « El8 de septiembre de 1890, por la mañana,
me sentía inundada por un río de paz... me ofrecí
a Jesús para que El hiciera perfectamente en mí su voluntad...
»
«
El último cuadro representa a Teresa al expirar, su «
entrada en la vida” como dice: El 30 de Septiembre, a las 7
de la tarde, Teresa deja esta tierra para irse a « la patria
del Cielo” y, en un último suspiro, mirando al crucifijo,
exclama: « iOh, Le Amo! ¡Dios mío, os amo!».
Estas fueron sus últimas palabras, y así contempló
cara a cara al Amor, y en adelante « pasa su cielo haciendo
el bien sobre la tierra ».

En
esta peregrinación o visita a Lisieux, que la promesa de Santa
Teresa: « Quiero pasar mi cielo haciendo el bien sobre la tierra
», sea para todos fuente de esperanza.

