LA CRIPTA DE LA BASILICA DE SANTA TERESITA

Bajando las escaleras, a la derecha, está el acceso a la Cripta. Es un lugar privilegiado para la oración en silencio, pero se celebra también la Eucaristía. Obra del arquitecto M. Cordonnier, del escultor M. Coin, y el mosaico de los talleres Gaudin.

Mide 50 m X 30 m, y está enteramente recubierta de mármol y de mosaico, presentando una unidad original, estilo de la exposición de las Artes decorativas de 1925.

Es un lugar recogido, sin ser sombrío ni triste. Fue bendecida el 3 de Julio de 1932 por S.E. Monseñor Maglione, Nuncio Apostólico de Francia. La luminosidad y el silencio favorecen la oración: « Señor, tú eres mi Dios, yo te busco. Mi alma tiene sed de ti ».

La iconografía expresa el Amor de Dios por los hombres y el amor de los hombres por Dios. Al entrar, a la derecha, vemos a Cristo mostrando el Amor de Dios por nosotros: « Dios amó tanto al mundo que le dio su Hijo único ».


La Bienaventurada Trinidad

« El hogar eterno de la Bienaventurada Trinidad» se inspira en una presentación de De Cramer, con la inscripción: « Dios es Caridad », en una banderola sostenida por dos ángeles. La presencia de una paloma manifiesta la acción del Espíritu Santo. Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo nos reciben en este lugar para damos su Palabra, por los Cuatro Evangelistas que vemos en los dos pilares al entrar en el pasillo central de la Cripta.


Las bóvedas están recubiertas de mosaico de blanco de Nimes, sembradas de estrellas. La decoración comporta flores silvestres y pájaros multicolores, que recuerdan la infancia de Teresa, quien amaba la naturaleza.

Avanzando hacia el altar mayor, dedicado a Santa Teresa, recorremos el camino de las Bienaventuranzas en cada columna, y que se enraízan en la fe y en el testimonio de los cuatro evangelistas : Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Los otros pilares están ilustrados por personajes simbólicos acompañados del texto de las Bienaventuranzas.


En la bóveda leemos este texto de Isaías :

« Te amo con un amor eterno.
Por ello, apiadándome de tu miseria te he atraído hacia Mí.
Como una madre acaricia a su pequeño,
Yo os consolaré y os llevaré en mis entrañas ».

Llegamos ante el altar mayor decorado con la imagen de Santa Teresa. Con la mirada y los brazos en alto, se eleva hacia el Águila Divina que la llama, con el gesto del niño que se echa confiadamente en los brazos de su padre. Detrás de la imagen vemos caer una lluvia de rosas, brotando de la Cruz, sobre los peregrinos venidos a confiarse con sus penas y sus gozos.

A la derecha del altar mayor, el altar con la imagen de bronce representando a la « Virgen de la Sonrisa », a quien Teresa expresó su cariño en su poesía « Por qué te amo, oh María ».

A la izquierda, en la otra nave lateral, el altar del Niño Jesús y de la Santa Faz, donde se encuentra una reproducción de la imagen del Niño Jesús que se hallaba en el Carmelo y que la Santa adornaba con flores.

Alrededor de la Cripta, hay doce pequeños altares dedicados a: San José, Santa Juana de Arco, San Juan Evangelista, San Pablo, San Francisco de Sales, Santa Teresa de Ávila, al Bienaventurado Teófano Venard, San Juan de la Cruz, Santa Inés, Santa Cecilia, San Agustín y Santa María Magdalena.

En 1958 se completó la decoración de la Cripta con los cinco grandes mosaicos de los tímpanos, con escenas de' la vida de Santa Teresa:

- Bajo el pórtico, lado sur, el Bautismo de Teresa nos recuerda que somos hijos de Dios por el Bautismo. Lado norte, la evocación de su Primera Comunión: « Aquel día, ya no fue una mirada sino una fusión de amor. Jesús y Teresa ya no eran dos, Teresa había desaparecido como la gota de agua que se pierde en el océano ».

- Bajo la puerta de la Sacristía, del lado del órgano, la evocación de la Virgen de la Sonrisa. De ella dice: « me pareció hermosa, tan hermosa que nunca había visto nada tan bello ».

Al otro lado, en la Capilla del Santísimo, vemos la Profesión Religiosa de la Santa: « El8 de septiembre de 1890, por la mañana, me sentía inundada por un río de paz... me ofrecí a Jesús para que El hiciera perfectamente en mí su voluntad... »

« El último cuadro representa a Teresa al expirar, su « entrada en la vida” como dice: El 30 de Septiembre, a las 7 de la tarde, Teresa deja esta tierra para irse a « la patria del Cielo” y, en un último suspiro, mirando al crucifijo, exclama: « iOh, Le Amo! ¡Dios mío, os amo!». Estas fueron sus últimas palabras, y así contempló cara a cara al Amor, y en adelante « pasa su cielo haciendo el bien sobre la tierra ».

En esta peregrinación o visita a Lisieux, que la promesa de Santa Teresa: « Quiero pasar mi cielo haciendo el bien sobre la tierra », sea para todos fuente de esperanza.


   

publicada el 10 de Mayol del 2005

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